miércoles, 13 de abril de 2011

¿Qué queda de mí si lo he dado todo?
Tengo una mano abierta y un puño
y quedan por allí algunos papeles
tirados en el suelo.
(Se lo han llevado todo)
En las paredes quedan unas fotos viejas
que ya no recordaba.
Rostros de patriarcas amarillos
impávidos testigos del saqueo.
Aún quedan los cristales sucios
con los que apenas puedo ver hacia afuera.
Aquello que no pasaba por el dintel
tuvo que ser destrozado
y hoy son solo escombros que recuerdo.

¡Vamos! No es para tanto.
Aquí, en el suelo, puedo recostarme
y dormir
y tener algunas pesadillas
desnudo y húmedo:
La alfombra que me abrigaba ya no está.
Solo tengo mi piel
y esta nadie me la puede quitar.